Exposición ‘Flamenco’ de Carlos Saura. En Torremolinos

Exposiciones

Entrada libre hasta completar aforo.

Centro Cultural Pablo Ruiz Picaso (C/ De la Cruz, 42, Torremolinos)

Horario de visita: de lunes a viernes de 9.00 a 22.00 horas

Del 18 de marzo hasta el 14 de mayo de 2022

 

Con esta muestra titulada ‘Flamenco’, Saura, en su faceta como fotógrafo, ofrece un total de 60 instantáneas que muestran momentos de diferentes rodajes o ensayos de las múltiples películas y obras de teatro sobre este género musical muy vinculado al director como  ‘Bodas de Sangre’ (1981), ‘Carmen’ (1983), ‘Sevillanas’ (1992), ‘Flamenco’ (1995) o ‘Salomé’ (2002).

La danza, la esencial aportación de los gitanos al flamenco, la armonía de las figuras femeninas, o los retratos de estrellas de esta disciplina en nuestro país, son algunos de los elementos presentes en esta exposición. A lo largo de su carrera, Saura se ha alzado con el Oso de Oro y de Plata del Festival de Berlín, el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián y numerosos Premios Goya y tres nominaciones a los Oscar.

Se ha dedicado, además, a la ópera y el teatro. Todo ello siempre sin dejar de lado la fotografía a través de exposiciones y libros fotográficos como ‘España años 50’ (2016, Steidl). También ha publicado cinco novelas, la última ‘Ausencias’ (2017, Oportet).

La muestra la integran 60 fotografías tomadas por el director de cine y fotógrafo, Carlos Saura. Todas pertenecen a los diferentes rodajes y ensayos de sus múltiples películas y obras de teatro sobre el flamenco. Son las siguientes:

Flamenco, Flamenco, 2010
Salomé, 2002
Flamenco, 1995
Sevillanas, 1992
El amor brujo, 1986
Carmen, 1983
Bodas de Sangre, 1981

Carlos Saura

«Me he acercado al flamenco de puntillas, siempre con el  respeto a una música que siento en lo profundo y que al mismo tiempo se me escapa de los dedos: está dentro de mí y me resulta difícil aprehender. El flamenco es sin duda el resultado de una decantación realizada a través de los años de ritmos e influencias y que un día, por ese milagro del nacimiento de las cosas nuevas, surge de la oscuridad para brillar con brillo propio. Su pervivencia, su vitalidad y su modernidad es la muestra más palpable de su excepcionalidad. De todas las músicas de origen popular que hay en nuestro país  –algunas preciosas–, el flamenco no solo ha sido capaz de sobrevivir a las contorsiones de las modas, sino hacerse más y más atractivo actualizándose en la búsqueda de nuevos caminos, ritmos y expresiones.

La aportación de los gitanos al flamenco es esencial, partiendo de Rajastán en la India y de la fronteriza Pakistaní, atraviesan Asia y entran en Europa.  Los que se asientan en España fijan su residencia sobre todo en Andalucía y han aportado al flamenco tanto que es difícil establecer una valoración objetiva y una buena parte de los profesionales del flamenco son de raza gitana aportando su estilo inconfundible. Desde el comienzo gitanos y payos se alternan en la historia del flamenco. Dice Fernando Quiñones  que fue  la gitana Rosario la Mejorana la primera en levantar los brazos bailando y que se casó con un sastre de toreros. De este matrimonio nació Pastora Imperio, para quien Manuel de Falla escribiera “El amor brujo”.

Ese levantar los brazos moviendo armoniosamente los dedos de las manos es lo que hace del baile femenino algo único e inconfundible en el mundo de la danza. De cintura para arriba esas manos parecen buscar el cielo, de cintura para abajo hay que pisar fuerte porque estamos en la tierra.

Mi fascinación por el baile flamenco  viene precisamente de la conjunción entre el movimiento del cuerpo y el ritmo de la música. Cada vez que entro en una sala de ensayos en donde hombres y mujeres practican flamenco, siento un deseo profundo de seguir ese ritmo con mi cámara de fotos y mejor haciendo una nueva película.

Es solo a partir de 1922 en el periodo de entreguerras cuando el flamenco se decanta y populariza. La celebración del concurso de Granada en ese año con Manuel de Falla, García Lorca, y otros intelectuales acomodados, e influyentes, dan al flamenco una dignidad de la que hasta entonces carecía. En el año 1925, se realiza el encuentro de dos genios, Antonia Mercé “la Argentina” y Vicente Escudero, ojo para los profanos, no confundir la “Argentina” con la “Argentinita”, la hermana de Pilar López, otra familia y otra historia. La pareja va a interpretar una nueva versión de El amor brujo en París bajo la dirección orquestal del propio Manuel de Falla –nada menos- y con decorados y trajes de Gustavo Bacarisas. Es un gran éxito para estos dos excepcionales bailadores que revolucionaron el baile flamenco dotándole de un rigor del que hasta entonces carecía. Con Vicente Escudero nace un baile ascético, limpio de líneas, con lo justo, huyendo de cualquier amaneramiento.  De esa escuela exigente viene Antonio Gades, uno de mis maestros, amigo y colaborador en algunas de nuestras películas. El que algo limitado y difícil de saborear para los no expertos haya traspasado la barrera de una minoría para convertirse en aceptable y aún encomiable por parte de una sociedad que lo rechazó, explica la pervivencia del flamenco y sus ilimitadas posibilidades.

Con esa intención, con la de dar a conocer unos cantes y bailes que  merecen ser conocidos, es por lo que, entre otras razones, me he visto envuelto en una experiencia tan apasionante que me ha llevado a hacer varias películas sobre el tema y algún libro de fotografías dentro del mundo flamenco. A juzgar por el resultado obtenido y por la curiosidad que en todo el mundo han obtenido mis fotografías y mis películas, puedo confesar no sin vanidad, que me siento feliz de haber contribuido en la medida de mis esfuerzos para que el flamenco sea más conocido y admirado.»

Carlos Saura



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